DE LAS MUÑECAS DE FAMOSA A LAS COMPRESAS CON ALAS
30/01/2012
La historia de la publicidad es la historia de un país. Un día conocimos en las 625 líneas de antes y en blanco y negro a un tal negrito que decía vivir en el Africa Tropical –no especificaba nada más, quizás por temor a represalias- y que cultivando cantaba la canción del Cola Cao. Yo nunca me lo terminé de creer demasiado, quizás porque no sabía muy bien dónde estaba la dichosa África Tropical y porque cantaba en un perfecto castellano. Más me inclino yo a pensar que era un chico de Móstoles que quería presentarse al “Tú sí que vales”. No volvimos a saber nada más de él. Supongo que hoy en día seguirá viviendo en el África Tropical y habrá cambiado ahora el Cola Cao por un Gatorade sabor limón. Aquel Cola Cao de la época de Maricastaña rivalizaba en cantinela con esa machada machista del “Soberano, es cosa de hombres”, en el que la cariñosa ama de casa entregaba de forma servil a su abnegado maridito una copita del quitapenas de turno como gesto de agradecimiento por ser tan buen y trabajador consorte. Entrañable es poco. También recuerdo como un moscardón que revoloteaba por mi cabeza aquel maravilloso bolígrafo naranja que escribía fino, aquel de cristal que escribía normal… A mí lo que me importaba era que escribiera bien, que a camión le pusiera tilde en la o y a calabaza una b como un templo. Yo, de todas formas, me quedo con los capuchones, que mordisqueabas y mordisqueabas sin parar cada vez que te aburrías como una seta en las clases del cole. Me acuerdo también de tantos y tantos utensilios caseros –léase aspiradoras, lavadoras, -doras, -doras…- presentados por una maravillosa y esplendorosa Carmen Sevilla. Resultaba extraordinario presenciar cómo la familia entera se reunía alrededor de la lavadora de turno para ver cómo el tambor daba vueltas y vueltas sin parar, con efecto mareante inclusive, para regocijo general desdela abuela Maríahastael nietoJoselín. Eran los tiempos de las muñecas de Famosa que se dirigían al portal –a qué portal, me preguntaba yo-, de Stevie Wonder conduciendo sin carnet de conducir, del insecticida Bloom, un botecito más mortífero que la bomba de neutrones, del pesado de gafas que siempre anunciaba Tónica Schweppes (que le hubieran puesto un nombre más sencillo y ya verás como habrían vendido más), del pobre hombre que siempre volvía a casa por Navidad y no le daban más que turrón del duro, o de publicidad tan agresiva como el ‘busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo’, Eran los tiempos de la transición entre el blanco y negro y el color pachucho, de la televisión de único mando, de la nieve perpetua –más que nieve era tormenta porque no se veía ni un carajo la pantalla-, de la máxima cuota de share para la Primera porque no había ni Segunda ni Tercera, del estreno de ‘Verano Azul’, de la primera reposición de ‘Verano Azul’, de la segunda reposición de ‘Verano Azul’…
La publicidad de hoy no tiene nada que ver conla de entonces. Elpaís –el vasco, el español, hasta el del Africa Tropical- tampoco. Hoy tenemos publicidad de intriga, sexista, de guerrilla… Como la vida misma, vamos. Predominan las tías y los tíos casi en bolas para venderte un simple lavavajillas, proliferan las compresas con y sin alas y, ante todo y sobre todo, nos venden colonia, miles y miles de botes de colonia. Se ve que somos el país más cochino de toda Europa, porque nos meten la colonia hasta dentro de un escote con dos grandes tetas, como hacía la señorita que siempre buscaba a Jacques, nunca le encontraba y encima cogía catarro de pecho. Antes las películas duraban tres horas y media y entre pausa publicitaria y pausa publicitaria te daba tiempo para ir a Legutiano a ver a un familiar y volver; hoy no, hoy si tienes un familiar en Legutino le ves por el skype.
La publicidad ha cambiado, el país ha cambiado, seguro que hasta la colonia ‘Chispas’ ha cambiado. La chica de Jacques dejó de vender colonia porque cogió unos kilos de más, pero aún me sigo preguntando quién sería ese Jacques y por qué nunca daríala cara. Jacques, cagón, más que cagón.











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